V: Un mes después del desastre.
“Duerme, mi niño, duerme, que ya pasó la noche, y el miedo, y los gritos… En la calzada, permanecen los charcos con la sangre de los heridos y de los muertos, y en uno de los dos grupos están tu madre y tu hermana… Duerme, mi niño, y olvida la sinfonía de llantos, el paroxismo de gritos, y demasiados miedos…" Este niño, cuya historia conocen ya millares de personas, se convirtió en el símbolo involuntario de aquél atentado, cuando lo encontraron las brigadas especiales de limpieza, recostado junto al escaparate de una conocida tienda de zapatos de la calle Montera... Llegaba el alba, pero nadie dormía, y los sanitarios se afanaban en poner torniquetes, contener hemorragias, salvar vidas, dentro de los numerosos hospitales de campaña que habían surgido del asfalto en la Puerta del Sol y en las calles aledañas... y mientras tanto, aquél niño dormía, entre trozos de cuerpos, demasiados muertos, incontables heridos, y miles de cristales... A su alrededor, sanitarios, agentes, bomberos, forenses, psicólogos y un militares intentan poner algo de orden en el caos, en las huellas de la peor Nochevieja de la Historia de España…
Nadie conoce el cómo, ni sobre todo, el porqué, salvo por supuesto los propios terroristas, y quienes los contrataron… Al margen de aquellas imágenes dantescas que se han quedado grabadas en la retina y la memoria de todos los televidentes, los investigadores han podido recrear la secuencia inicial de los hechos, a partir de los testimonios de los supervivientes…
Recordemos por lo tanto aquellas diecisiete campanadas y media… Aquella veintena de explosiones de mediana importancia, más letales por la metralla que por la carga explosiva en sí-misma… y la enorme explosión final, en el corazón de la Puerta del Sol, cuando se derrumbaron media fachada, el árbol de Navidad, y el propio reloj… Y nada mejor que rescatar algunos de los testimonios de sus involuntarios protagonistas...
(Extracto del artículo de "EL LIBERAL", "Año nuevo sangriento")
Consuelo, 19 años, estudiante: "Yo estaba con los amigos, haciendo un poco el loco, con demasiadas copas en el cuerpo... Qué demonios, era la Nochevieja, y todos nos queríamos divertir... Un poco por costumbre de otros botellones, nos habíamos instalado alrededor de una de las papeleras de la calle Montera, que usábamos de mesa, porque no nos dejaban acceder a la Puerta del Sol con las botellas... Eramos los de siempre, Kimy, Juan, Pitufo, Lucas, Pere, Juana, Marta, Susy... Imagínate, juntos desde los trece años, la de cosas que hemos compartido... A Pitufo siempre le gustaba preparar los cubatas... Yo estaba un poco lejos de la "mesa", porque a última hora se nos unieron otros cuatro chavales del barrio... Y eso fue lo que me salvó la vida..."
Periodista: "Todos tus amigos resultaron afectados por el atentado, ¿verdad?
Consuelo, 19 años, estudiante: "Sí... Escuché un estruendo, luego como si algo se rompiera, y después me caí al suelo por la onda expansiva... Perdí el conocimiento unos minutos, y me despertaron los gritos, las peticiones de socorro... Estaba cubierta de sangre, pero muy poca era mía... Pitufo tenía el pecho destrozado... Juan , Lucas, Marta y Susy estaban muertos, la metralla de la papelera había salido despedida en todas las direcciones, como si fueran cuchillos... Yo tenía un trozo de casi veinte centímetros incrustado en el muslo, y varios cortes en las piernas..."
Periodista: Y sin embargo, no perdiste la calma, y atajaste la hemorragia de tu amiga Laura...
Consuelo: Supongo que fue algo instintivo... Eramos amigas desde la guardería y, al ver que estaba perdiendo tanta sangre por el corte del brazo, comprendí que tenía que hacer algo, por eso me quité el chaleco, envolví con él su brazo, y comencé a apretar muy fuerte...
Periodista: Y estuviste así mucho tiempo... Más de una hora...
Consuelo: Creo que estaba paralizada... agarrotada por el miedo a perder a más amigos... Cuando por fin los sanitarios llegaron hasta nuestro lado, y se dieron cuenta de lo que había conseguido, intentaron animarme... Pero yo estaba demasiado cansada... y directamente, me desmayé... Lo primero que hice, al despertarme dentro del Hospital de Campaña, fue preguntar por ella... Me dijeron que se había salvado..."
Periodista: Aquella noche murieron en Madrid más de 1500 personas, los dos tercios como consecuencia directa de las deflagraciones, y el resto, bien aplastados en los movimientos de flujo y reflujo de la marea humana que intentaba escapar a un lugar seguro antes de que estallasen las bombas de las calles Montera, Mayor y Arenal, o bien a causa de los cortes de los cristales o de las quemaduras provocadas por las explosiones de las tuberías del gas... Más de 3000 personas necesitaron atención hospitalaria, y otras 100 perecieron en las siguientes 24 horas... Por lo tanto, el balance provisional de víctimas mortales en toda España (recordemos que también se produjeron explosiones en Barcelona, San Sebastián, Málaga, Zaragoza, Sevilla y Pontevedra), cuando ha transcurrido una semana desde los atentados, es de 2467, y los heridos son más de 6000... Sin embargo, el balance podía haber sido mucho más trágico, si no se hubiera organizado con tanta rapidez el dispositivo de emergencias. Bautista G.G., coordinador del Dispositivo de Respuesta Temprana, nos lo explica:
Bautista G.G.: Por desgracia, los atentados del 11-M demostraron que el público en general es muy vulnerable a los atentados terroristas... Aquella maldita mañana de jueves, se salvaron muchísimas vidas por la rápida puesta en marcha de los sistemas de clasificación de las víctimas en leves, graves y muy graves... y en difuntos... La mayor dificultad fue precisamente el hacer llegar las unidades disponibles hasta la Puerta del Sol, pues casi todas las calles estaban cortadas por las explosiones o por las propias víctimas. La primera ambulancia tardó casi media hora en poder recorrer el tramo afectado de la calle Montera... Por eso, se pidió ayuda urgente al Ejército, especialmente a su unidad de Zapadores, pues en algunos tramos era imposible avanzar...
Periodista: ¿Donde se concentró el mayor número de muertos y heridos?
Bautista G.G.: En la Puerta del Sol. Recordemos que allí se produjo la explosión principal, que había sido preparada en el Árbol de Navidad, pues numerosos paquetes de regalos decorativos habían sido manipulados en el propio almacén municipal, y sustituidos por distintas cargas de tricloex y de metralla, en su mayor parte, rodamientos de coche, y cajas de perdigones... Era horroroso caminar, sabiendo que estabas pisando a los muertos o trozos de cuerpos, pero nuestra prioridad era salvar vidas...
Periodista: Al ser tremendamente complicado el acceso, se adoptaron opciones poco habituales, ¿verdad?
Bautista G.G.: Es cierto, nuestra prioridad era por una parte clasificar a las víctimas, y por otra, llegar lo antes posible a la "zona cero"... Por eso, nos pusimos en contacto con el dueño de un almacén de menaje del hogar y, bajo supervisión policial, cogimos innumerables juegos de sábanas y de toallas, para poder evacuar a pie a los heridos... Los propietarios de los hostales de la zona optaron por cambiar de público, y abrieron sus puertas para atender a los más graves... La Puerta del Sol era un campo de sangre, no teníamos medios ni espacio... Y tampoco ayudaba la gran cantidad de juerguistas que, a pesar de las cinco explosiones en la Puerta del Sol, las dos de la calle Mayor, una en Preciados, dos en Arenal y una en Montera, tenían ganas de seguir celebrando la Nochevieja, al menos hasta que se dieron cuenta de la amplitud del desastre...
Periodista: Y tuvieron que recurrir a vehículos poco ortodoxos...
Bautista G.G.: En efecto, nuestros accesos eran las calles de Carretas, Correo y Espoz y Mina... A falta de ambulancias, en los primeros minutos tuvimos que usar taxis de los que estaban aparcados en la Plaza Mayor, y también numerosos autobuses de turistas... El dispositivo especial de la Policía Nacional y Municipal se encargó de derivar todo el tráfico hacia San Ricardo, Pontejos y Esparteros, pues la prioridad absoluta la tenían los vehículos de urgencias, incluyendo a los bomberos, para extinguir los incendios provocados por el gas...
Periodista: ¿Cuánto tiempo tardaron en despejar Sol lo suficiente para efectuar una criba de víctimas, y evacuar a los más urgentes?
Bautista G.G.: Hasta las dos de la mañana no pudimos instalar el primer hospital de campaña en la zona cero, aunque en cuanto se escucharon las primeras explosiones se produjo una nueva marea de solidaridad: los dueños de las farmacias de la zona hicieron lo posible por proporcionar instrumentos de primeros auxilios, y por asesorar a quienes tenían conocimientos médicos rudimentarios: vigilantes del Metro y del centro comercial, Guardias Civiles de las dependencias oficiales, distintos equipos de voluntarios... Lo que más vidas salvó fue la colaboración ciudadana.... "