El 31 de diciembre de 2009, en la Puerta del Sol de Madrid sonaron diecisiete campanadas y media... pero nadie se dio cuenta...
IV: LOS ÚLTIMOS MINUTOS DE 2009
En los minutos previos al atentado, la noche del 31 de diciembre de 2009, se respiraba un ambiente festivo, pero al mismo tiempo, ligeramente extraño, en la Puerta del Sol... Mucha gente seguía accediendo a la Plaza desde las calles laterales, sobre todo desde la calle Mayor y Arenal, y se sometía con desgana a los controles y los cacheos en los distintos puntos de entrada... Los agentes, indudablemente afectados por la prolongación de la jornada, la falta de comodidades (desplazarse hasta el aseo del bar más cercano representaba casi media hora de forcejeos), la tensión reinante, la masificación y las prisas del público, se sentían literalmente desbordados... Las brigadas de limpieza hace varias horas que han abandonado cualquier intento por vaciar las papeleras o recoger los vasos de plástico y los restos de comida del suelo, y de todas formas, han pactado con la patronal el finalizar su jornada a las 22:00, por lo que con tan poco minutos antes de las campanadas, en la Puerta del Sol se encuentran solamente las fuerzas del orden público, dos retenes de primeros auxilios con dos ambulancias, y dos centenares de periodistas, incluyendo los técnicos de sonido, los cámaras y los presentadores, pues casi todas las cadenas de televisión han organizado su propia cobertura del evento, y quienes no disponen de los medios ya se han encargado de comprar la señal a las principales agencias de noticias...
También están preparados los distintos festejos, supuestamente en directo, pero que en la mayor parte de los casos, se han terminado de grabar, con las actuaciones musicales en rabioso playback, un mes antes. En los centros de edición de las emisoras, un retén mínimo (de 3 a 6 personas) se encarga de preparar los soportes informáticos para seguir con los festejos, y comerse las tradicionales uvas al ritmo de las campanadas. Los presentadores, tan cuidadosamente vestidos y arreglados como siempre, ellas sobre todo tiritando por los inverosímiles vestidos escotados, con esos omnipresentes detalles de color rojo en lazos, cinturores, complementos, gorritos o adornos...
Los presentadores de las cadenas de televisión acreditadas han tomado posiciones en las azoteas tradicionales, algunas de ellas sobre el Corte Inglés, aunque los menos afortunados han tenido que conformarse con los primeros balcones de la calle Montera y Preciados, en realidad con cualquier lugar que proporcionase algo de visibilidad del famoso reloj... Cuando todavía estaban explicando los pormenores de los cuartos, los medios y los enteros; en aquellos minutos previos que siempre se aprovechan para retocar el maquillaje, acercar las estufas a los reporteros y comprobar el ajuste de las cámaras; en ese tiempo muerto que precede el final del año... Pero aquella Nochevieja, todo cambió...
Con la primera explosión, la más grande, pues los terroristas habían dispuesto una gran cantidad de tricloex en los regalos al pie del árbol, el relleno de los propios adornos (a base de explosivo y de metralla) y en las paredes de la alcantarilla que estaba debajo de aquella zona, la primera reacción de la gente, sobre todo de quienes se encontraban en las calles aledañas, fue la de pensar que alguien se había pasado con los petardos, que los encargados de la pirotecnia se habían excedido al preparar aquella carga... [Investigaciones posteriores demostrarían que los adornos y los regalos no fueron elaborados por la empresa adjudicataria, sino por una subcontrata, que en teoría estaba ubicada en el polígono La Abubilla... Mas cuando los agentes de la Guardia Civil se presentaron en dicha dirección, se comprobó que en ella no había otra cosa que un solar. De ello se deduce que tuvieron que usar una nave distinta, y que dispusieron de cierto tiempo para efectuar todas las modificaciones necesarias antes de colocar los elementos en su lugar.] Pero esa sensación de incredulidad desapareció cuando empezaron a escucharse los primeros gritos de dolor... y aparecieron las primeras personas ensangrentadas...
Dos minutos después, a las 23:59, cuando las cámaras se estaban disputando los mejores lugares para informar de lo que parecía ser una "tremenda explosión de gas en pleno centro de la Puerta del Sol", y al mismo tiempo era inevitable observar el "agujero humano", el "vacío lleno de cuerpos", o incluso el "dantesco espectáculo" del que hablaban numerosos comentaristas... se produjo la segunda gran explosión, la que provocó el derrumbe parcial de la Casa del Reloj, y que sonasen precisamente las diecisiete campanadas y media... Incluso siendo de menor potencia que la primera, no dejó de causar numerosas muertes, pues a estas alturas, la masa comenzaba a guiarse por el pánico. Las otras tres deflagraciones posteriores, causadas por las cantidades de tricloex (unos 40 kilos, repartidos en una carga principal de 20 en el doble fondo, con su disparador, y el resto en cargas más pequeñas) depositadas en las grandes papeleras del Ayuntamiento tuvieron la "virtud" de generar el pánico... Incluso siendo mucho menor el contenido de metralla, el mismo material del que estaban hechas, bien polietileno para las más grandes, o de metal las más pequeñas, demostró su gran eficacia a la hora de segar cuellos, y de provocar todo tipo de cortes al convertirse en letal metralla...
Sin embargo, a las 00:02, cuando era prácticamente imposible evitar el pánico en la Puerta del Sol, y ya no había nadie con ganas de seguir de fiesta, ni nadie se planteaba otra cosa que no fuera salir de aquella zona, lo antes posible... En ese momento, donde se imponían los instintos y los agentes que estaban destinados a mantener el control de accesos no podían hacer otra cosa que intentar ayudar en la evacuación de la zona... Justo entonces, estallaron las demás cargas explosivas en las calles aledañas. La más retratada fue la de la calle Montera, pues junto a la papelera donde estalló se encontraba un grupo de adolescentes, cinco de los cuales perecieron en el acto, y el número de heridos se incrementó sensiblemente por el estallido de los escaparates de ambos lados de la calle, lo que implicó una gran cantidad de heridos y de muertos por los cristales. Allí se vivieron algunos de los momentos de mayor nerviosismo. En la calle Preciados apenas se produjeron víctimas. Las ubicadas en los dos extremos de la calle Arenal, una de ellas en la misma boca de metro, causaron un gran pánico, porque se convirtieron en la ruta de escape más evidente. Por suerte, las dos cargas ubicadas en los accesos del Metro no llegaron a detonar, pues interfirió la gran cantidad de gente que se apelotonaba en las escaleras, buscando el refugio bajo tierra... Tampoco estalló la ubicada en la Estación de Cercanías, en este caso, la causa de providencial fallo fue un problema con la batería del teléfono móvil. De haber explotado estas tres bombas, el resultado habría sido mucho peor, puesto que podrían haberse colapsado las propias estructuras del Metro.
De todas formas, tanto la forma de disimular las bombas a plena vista, como las empresas fantasma que se crearon a tal fin, las técnicas utilizadas para manipular los explosivos, y los recursos humanos que se pusieron en funcionamiento, evidenciaban que se trataba de un atentado por encargo, no de algo con finalidad política, puesto que de momento no ha sido reivindicado por un partido o un grupo concreto. No se trata de ETA, ni de Al Kaeda, sino de una entidad distinta, y mucho más organizada. La gran duda sigue siendo la misma: ¿Quién ha cometido este atentado? ¿Y quién se beneficia con él?