viernes, 30 de marzo de 2012

DIECISIETE CAMPANADAS Y MEDIA (2)

La noche del 31 de diciembre de 2009, el reloj de la Puerta del Sol (Madrid) sonó diecisiete campanadas y media... Pero muy poca gente se dio cuenta...

 
II: Los momentos más com-plicados de la preparación del tricloex


Gracias a los contactos de nuestro patrocinador con el mundo del terrorismo internacional, no nos ha sido excesivamente complicado locali-zar un pequeño grupo de colabora-dores "in situ", mas el mayor proble-ma ha sido precisamente el compro-miso ideológico. Lo que pretendían era hacer llegar un "mensaje inequívoco al opresor Gobierno español", pero actuando de manera individual, sin coordinación, a travé de una serie de golpes de mano como bombas contra distintos cuarteles de la Guardia Civil, el secuestro de varios empresarios en vísperas de Navidad, y los habituales desperfectos de la "Kale Borroka". Por ello, ha sido necesario realizar una criba muy selectiva entre miembros de Jarrai y de Segui, especialmente los que no tienen antecedentes policiales, y asignarles por una parte funciones de vigilancia y detección de los cuerpos de seguridad del Estado, principalmente en los objetivos secundarios. También han sido de cierta utilidad para el transporte de los distintos componentes del explosivo químico, a través de las distintas rutas de entrada.




Ante la dificultad añadida que representa la entrada en el país con explosivos o determinados tipos de sustancias que pudieran ser utilizadas a tal fin, y para burlar especialmente a los equipos de detección, hemos optado por utilizar, al menos para los artefactos de la Puerta del Sol y de Donosti, un nuevo compuesto de síntesis, procedente de Israel, y que presenta la inmensa ventaja de ser fácilmente transportable, completamente inocuo hasta que no se mezclan los tres componentes, y que en caso de necesidad, puede incluso ser ingerido en su forma líquida, asimilándose en noventa minutos, y desapareciendo por completo. Bajo el nombre de tricloexanato de metilo con flúzido benzodiacepínico recombinante (en adelante, tricloex), su introducción en España ha sido relativamente fácil: dos mil litros del primer líquido, con el mismo aspecto y sabor que una conocida marca de cola, salvo que un poco más denso, ha sido llevado directamente a una nave industrial en el polígono de Coslada, que anteriormente se dedicaba al envasado de zumos naturales ("Minizumitopatí S.L.", curioso nombre). La empresa ha sido adquirida por una de nuestras filiales, y no se ha cambiado el nombre comercial, ni en teoría la actividad. El segundo componente, el ácido flúzido, ha seguido una ruta distinta, pero al ser necesario en menor cantidad, los quinientos quilos necesarios se han camuflado como grasa alimenticia para hacer patatas fritas, pasando en camión desde Portugal a través de una empresa de transportes de escasa importancia, y se recogió directamente en sus instalaciones de Coslada, a través de un conductor subcontratado, que lo llevó a Minizumitopatí S.L., en el mismo polígono. El tercer componente, el sulfato benzodiacepínico, lo hemos mandado directamente por Fed-Ur, la entrada se ha realizado por Barajas, y los cien kilos de carga iban etiquetados como pasta de Mirinda.

Todos los componentes habían llegado, según lo previsto, el 15 de noviembre. Comenzaba entonces la fase más delicada de la operación: convertir los ingredientes en un explosivo de última generación, capaz de provocar una onda expansiva de cien metros de diámetro, según los test realizados en los campos de terroristas somalíes. Esta capacidad, que multiplica por cinco la del C-4, y sobre todo después de esta acción, seguramente implicará un incremento del precio de la materia prima, y por otra parte, una nueva pesadilla para los cuerpos de seguridad de cualquier estado. Como es necesaria una reducción mediante cocción de los tres líquidos por separado, a una temperatura entre los treinta y los cuarenta grados, es un compuesto perfecto para ser preparado en nuestra nave, y posteriormente trasladado al Kebab City Paradise. Se pierde aproximanadamente un veinte por ciento del volumen total del explosivo, y el producto, una vez reducido, necesita de seis a siete horas para condensarse, bajo la forma de ladrillos sólidos, y dicha operación la realizamos con moldes para bizcochos, adquiridos a un mayorista.

¿El resultado? Un explosivo de color negruzco, perfecto para los lugares donde ha de ser instalado, maleable como la plastilina, indetectable incluso para las unidades K-9, y perfectamente seguro en su manipulación. La detonación se consigue mediante una cápsula explosiva insertada en el momento de su colocación, con un alcance de cuatrocientos metros (involuntario "regalo" de Estados Unidos, mejor dicho, de un miembro de sus Seals), y la señal se envía desde un aparente mando a distancia de garaje, emitiendo secuencias en altísima frecuencia, que conecta con las antenas de telefonía de la zona, afortunadamente saturada por las compañías de móviles, y que por lo tanto no presentará ningún problema.

III: Estudio y colocación de las cargas.
Las tres cargas principales sembrarán la destrucción en la zona centro de la Puerta del Sol (su ubicación final no está decidida), y las secundarias detonarán tres minutos después, en la Plaza de Callao, y en la desembocadura de las calles Mayor, Arenal, Montera y Alcalá. Teniendo en cuenta el tamaño y composición de las bombas (40 kilos para las principales, y 20 para cada secundaria), su instalación puede resultar algo complicada, mas nuestro "departamento de magia" ya ha preparado los complementos necesarios. Para las cargas principales, se ha optado por enviar a la Puerta del Sol un equipo suplementario de limpieza, desde las ocho de la mañana del 31 de diciembre. Perfectamente uniformados y con todos los complementos necesarios, incluyendo por supuesto los carros y los uniformes, proporcionados por un mayorista, y con todas las autorizaciones y formularios pertinentes (incluyendo el P-71 rosa), los infiltrados no han tenido el menor problema en acercarse a los lugares previamente designados (básicamente, en las grandes papeleras de plástico de polietileno de cincuenta litros...

El armazón metálico puede proporcionar cierta cantidad de metralla, pero casi toda la tornillería añadida se depositará al mismo tiempo que el explosivo, pues los primeros "barrenderos especiales" se encargarán de instalar un doble fondo, que permitirá al mismo tiempo su uso por los ciudadanos. La colocación se realizará entre las 14:00 y las 17:00, en los objetivos principales y el los secundarios. Al haber situado cargas en el interior de la nueva estación de Metro y de Cercanías (también por personal especializado), se pretende conseguir el mayor número de bajas posibles, pues ese es el objetivo de nuestro patrocinador. Se ha abandonado el proyecto de instalar una carga en el interior de la esfera del reloj, pero se ha sustituido por una serie de cargas de menor entidad, en el interior de algunos adornos del árbol.

Esperamos completar el encargo para la mayor satisfacción de nuestro patrocinador, y cobrar la merecida recompensa por nuestro trabajo. Si Juan Cabrillo ha montado su "Corporación" de mercenarios, y ofrece sus servicios al mejor postor, o incluso realiza trabajos altruistas como el de Mongolia o el del Golfo de Omán, nos parece perfecto. Pero que no se cruce en el camino de nuestra "Organización de Autoayuda Sekmet"... Ya falta media hora para la primera de las explosiones... Nuestros agentes han abandonado la zona hace más de una hora, incluso los ojeadores y los voluntarios... Pero me reservo la "difícil tarea" de activar los artefactos, cómodamente instalado, en la terraza de mi habitación de hotel...

Tras una detallada observación de las fuentes disponibles, afortunadamente muy abundantes en internet, nos hacemos una idea bastante exacta de cuales serán las medidas de seguridad adoptadas: 130/140 agentes, entre policías y agentes de movilidad, controlarán el acceso a la Puerta del Sol, impidiendo el acceso a personas que lleven botellas de cristal, o cualquier instrumento que pueda ser utilizado en una agresión... muy bien, pero... ¿quién va a sospechar de un chaval, que entra en la plaza, mientras se come un Kebab, o degusta un helado de chocolate, o una bolsa de patatas fritas naturales? Aquí es donde intervienen activamente los simpatizantes de Jarrai, de Boixos Nois, de los Ultrasur... pues cada uno de estos deliciosos alimentos, en realidad, está compuesto por o bien oculta debajo de él una cantidad de explosivo, con su correspondiente cebador... que deben depositar, como buenos ciudadanos, en las papeleras en cuanto entren en la plaza, o tirarlo simplemente al suelo de manera disimulada, y también deben salir, sin llamar la atención por la esquina opuesta, o al menos por una calle cercana... En total, son casi 200 colaboradores, que llevan encima paquetes de tricloex con un detonador por control remoto, disimulados en aparentemente inofensivas hamburguesas del Big Mac, latas de refrescos, paquetes de tabaco, de kleenex, unos de 100 y otros de 300 gramos de explosivo.

Como buenos ciudadanos, al solicitarles en el control de entrada que fueran depositando todos restos de comida y de bebida en las papeleras situadas en las calles de acceso "por cuestiones de seguridad", entre todos van depositando el explosivo... en los lugares que ya habían calculado los organizadores... Los artefactos los han recogido durante la tarde en el Kebab, y en varios lugares aledaños, y lo más divertido es que están convencidos de estar participando en un estudio de mercado sobre "las costumbres alimenticias de los madrileños en Nochevieja", y que han sido seleccionados mediante anuncios en la red... No hay mejor complice que el que no tiene conciencia de serlo... Muchos de ellos morirán esa misma noche... pero de todas formas, son peones, el último eslabón de un plan perfectamente llevado a la práctica...