El 31 de diciembre de 2009, en la Puerta del Sol de Madrid sonaron diecisiete campanadas y media... pero nadie se dio cuenta...
VI: Valoraciones finales... tal vez...
Estimados socios... Una vez más, hemos cumplido con lo previsto, y se ha conseguido el objetivo deseado. El cliente está moderadamente satisfecho pues, aunque se han producido menos fallecimientos de lo previsto, la cantidad de heridos, y sobre todo el pánico que se ha generado en la población ha sido el suficiente, para proponer una ampliación de los márgenes de intervención del Ejército en la vida civil, al mismo tiempo que se ha promulgado un recorte de las libertades civiles, especialmente la de asociación y la de libre reunión en lugares públicos.
Dos semanas después de los atentados, pues debemos recordar que todo se organizó de tal manera que se produjeran en distintas ciudades españolas, pero en ninguna con tanta virulencia como en Madrid, la población está empezando a volver a la calma... Sin darse cuenta de lo que han perdido, justamente, en el proceso: su propia libertad. Todos los partidos políticos se han dedicado a criticar la falta de medidas de seguridad en la Puerta del Sol, cuando saben perfectamente que en los grandes eventos, que condensan a mucha gente, es imposible garantizar la seguridad absoluta.
En las ciudades de provincias, al emplear a terceras y cuartas personas, el número de víctimas ha sido mucho menor, pues no se ha manipulado correctamente el tricloex, y en algunas ocasiones, la potencia de la onda expansiva se ha anulado al disponer la carga contra un muro de granito o de piedra. Ha fallado la coordinación, pues el atentado de Bilbao en el Kursaal se produjo a la una y media de la madrugada, por un fallo del temporizador. En Sevilla se colocaron correctamente tres de las cuatro cargas, pero solo estallaron dos en la zona de copas, en sendas discotecas (una de ellas salió ardiendo, y murieron abrasadas 100 personas). En Málaga, la explosión de un artefacto de escasa entidad en la calle Larios, dejó algunos heridos...
No se trata de hablar de daños colaterales, ni de víctimas involuntarias, igual da que fueran hombres, mujeres o niños... La retirada de nuestros efectivos principales se ha realizado sin obstáculo alguno, pues incluso quien detonó la primera bomba en Madrid estaba a una distancia prudencial del artefacto. Los jóvenes contratados para efectuar el "estudio sobre la limpieza en las calles de Madrid", o los "inspectores de papeleras municipales" eran, de cualquier manera, prescindibles.
Los clientes, una joint venture de las principales empresas de seguridad privada del país, han incrementado exponencialmente su facturación, hasta tal punto que han comenzado a importar vigilantes de otros paises. Los proveedores de materiales de autodefensa también han incrementado su volumen de ventas, sobre todo a raiz de la promulgación de la "Ley de protección ciudadana" que facilita la adquisición de armas de fuego por particulares, limitando de todas formas la venta de armas automáticas o semi-áutomáticas.
Paralelamente, el Gobierno ha limitado las libertades fundamentales, para garantizar el orden público y la seguridad ciudadana. No se han clausurado los centros de esparcimiento, salvo las discotecas, por el riesgo que suponen una gran concentración de gente y de alcohol. También se han suspendido las corridas de toros y los partidos de fútbol. Los colegios, institutos y universidades siguen funcionando con normalidad. Los sindicatos han seguido igual, si bien con menos influencia que antes. Y el Ejército efectúa los controles en las carreteras, lo que de paso está siendo utilizado en el País Vasco para apretar mucho más el cerco a ETA y a su entorno...
Culminada, pues, de manera satisfactoria nuestra misión en España, ha llegado el momento de plantearse los retos de nuestro siguiente reto: desprestigiar completamente al gobierno títere de Azerbaiyán, y provocar al mismo tiempo el mayor desastre ecológico de la Historia, al volar el principal oleoducto de Europa...
La "Corporación de Autoayuda Sekmet" ha cumplido, una vez más, su cometido.